domingo, 13 de mayo de 2012

Dolor

Ayer me picó una avispa.
¡Qué dolor!
Bueno, qué digo picar...
Se aferró a mi dedo corazón cual coloso abrazado a un hilo de los hados para evitar su muerte.
No salía de mi piel, no me soltaba.
Casi lloro...
Suerte de mi que potencié mi glandula encargada de segrefar cortisol, y mi nuevo muslo en la mano volvió a ser dedo.
Eso y el agua fría.
Aún duele.

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