Injusto.
No justo.
No merecido.
Pues lo odio.
Me repugna por dentro.
Y cuando algo injusto pulula cerca de mi, se contrae hasta mi célula más abrupta.
Se posa en mi cabeza la voluntad de frenar esa injusticia y tomo por bandera la causa como si yo fuese la diosa Justicia.
Y no veo más allá.
Aunque a ratos me doy cuenta que imperan los demás, y no yo.
Ni por tener una causa tan correcta.
Y debo dejar de luchar por lo injusto.
Y vuelvo a la cueva.
Oscura pero se ideas perennes.
Eso es lo que me mantiene fuerte hasta el próximo momento en que me crea que puedo y vuelva a postrarme ante quien sea con la marca de la justicia en todos mis poros.
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