Soplando velas, en el espíritu de una moneda hundiéndose en una fuente, en la cola de una estrella fugaz.
Debemos pensar en un deseo.
En esas acciones o en otras menos supersticiosas.
Ver una mariposa blanca, decir lo mismo que alguien a la vez, soplar una pestaña.
Piensa un deseo.
Pídelo.
Que se cumpla pronto.
En sucesiones contemporáneas, al leer "El secreto", rogar al Karma, pedir al Universo.
Desear.
Desear fuerte.
Yo siempre deseo lo mismo.
Soy ingenua.
Soy imbécil.
Deseaba ser feliz.
Nada más.
Siempre lo mismo.
Un egoismo pequeño, mi egoismo.
Mi felicidad.
Pero ahora ya no pediré eso.
Desearé que los bastardos que están jodiendo al pueblo cesen en su intento de llevarnos al abismo.
Mejor no.
Desearé que el pueblo levante espíritu y cuerpo contra esos bastardos.
Y así recuperaré mi deseo inicial.
Si nos alzamos en masa y frenamos este desastre nacional, seré feliz.
Seremos felices.
Seremos libres.
Seremos dueños de nuestra vida.
Y de nuestros deseos.
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