Qué bonitos son los recuerdos y qué feo es estrañar lo vivido.
Tal vez ya haya hablado de este tema, pero ocurre que estoy nostálgica.
Que recuerdo sonrisas, guiños y amigos de piratas.
Que no olvido sentimientos, abrazos, sensanciones y nudos en el estómago.
Puedo prescindir del control, pero no puedo evitar columpiarme en un estado catatónico de echar de menos algún momento, el Momento.
Ese Momento con mayúsculas en qué se para el tiempo, se anula el mundo, se desconecta la intensidad exterior y se abren los poros y la sinergia.
Por eso lo echo de menos.
Puedo vivir sin ello, claro.
¿Quién no?
Pero no quiero vivir sin ello.
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